lunes, 5 de febrero de 2018

El lado B de la Vie - Miguel Oscos (Reseña)


  • El lado B de la Vie - Miguel Oscos (2017)
  • 3/5


México hoy. Linda Mancera es la voz que narra esta novela, sin intermediarios, desde su propio cristal, y nos cuenta… esa es la cuestión. ¿Qué nos cuenta? En principio pareciera que presenta al lector una pintura de su vida diaria o de sus relaciones. Pero a menudo se desvía del episodio y se pierde en sus reflexiones sobre prácticamente todo. Su relación con Lucio, el pintor, potencialmente tormentosa y cinematográficamente plácida. El trabajo que en el mejor de los casos es una cárcel soportable. Los padres, que no están o no son importantes. Los amigos, que son falsos o peligrosos; y a los buenos, todavía no los conocés lo suficiente. Los inocentes, víctimas u olvidados.

Con un estilo que no es exactamente el discurrir de la consciencia pero tiene su aroma particular, Linda aprovecha cada punto de su narración para volver a la polémica que más le interesa: las costumbres y creencias de la sociedad; y más importante, ¿qué hace ella con todo eso?

Si tuviera que haber un problema en la novela (que no hace falta pero nos hace sentir mejor cuando lo encontramos porque es algo de lo que agarrarse) es la falta de un problema, al menos uno definido. Linda no tiene metas que no logra alcanzar, no tiene nada que recuperar, las relaciones fallidas se reemplazan o se arreglan, y hasta las situaciones traumáticas se solucionan. Lo que Linda no tiene es sustancia, y ese es el conflicto para el lector. Con una protagonista que habla de todo para no decidirse sobre nada y que repite continuamente prejuicios que no son suyos, el lector no sabe qué hacer y se molesta un poco. Y si hay algo no demasiado explorado por la literatura es el protagonista odioso (despreciable suena muy fuerte), al que no terminamos de querer ni de rechazar, y que nos mueve a seguir leyendo.

Y el escenario también es interesante. No los departamentos ni las playas sino el escenario inmaterial y el comercial de México. En un movimiento que recuerda a Carlos Fuentes, el autor nos muestra una cultura mezclada y polifacética: la mexicana y la global; la egotista y la social; la mente, el espíritu y el cuerpo; la tradición ancestral aborigen, la cultura pop, el gran arte y el kitsch. Y la sobrecarga de nombres específicos, colores, marcas y detalles no agobia sino que colabora a la idea general: la cultura es una masa, muchas veces informe, que nos toca a todos y que hay aceptarla para cambiarla después.

Y así se conectan el mundo y los personajes. Un México (que podría ser otro lugar) y una Linda (que podría ser otra) que no están seguros de qué son y qué quieren. Nos choca sobre todo (o a mí, al menos) la contradicción interna y permanente de Linda entre un fuerte machismo arraigado y ciertas ideas de liberación y progresismo; y en el medio, ella como mujer.
En cuanto a la lectura, el tiempo es lineal y las acciones fáciles de seguir. No hay huecos importantes aunque sí hay algunas situaciones dudosas, no por inverosímiles o fuera de lugar sino porque se comentan o desarrollan con más sencillez y brevedad de lo que corresponde, lo cual genera algunos diálogos forzados, a diferencia de la gran mayoría que son muy naturales. Las descripciones, la otra parte del texto, no abusan y son certeras.


No diría que la novela me encantó pero sí creo que no es esa la idea. No es un libro para enamorarse de los personajes sino para cuestionarlos. No para llorar las consecuencias sino para reflexionar sobre las causas. No es el libro que te conmociona profundamente hasta el otro día sino el que te deja pensando toda la semana. 

1 comentario:

  1. Gracias por la reseña, gran análisis y descripción del objetivo de mi lectura.

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